7.3.05

Capítulo uno

Mira profundamente ese café.
Tira su sobrecito de azucar dentro de el, destripa la espumita del cortado con la cuchara, y lo revuelve. Y sigue mirandolo profundamente.


Traje negro, que supo tener mejores años, flaco, manos huesudas, y sentado en la esquina del café. Así está. catatónico mirando ese café, como si ahí se pudiera encontrar la respuesta a algo.

Si me preguntan no creí jamás que fuera así. Y hasta me suena una canción de serú girán...

Me daba un miedo terrible acercarme, porque no sabía que decirle, no sabía como presentarme. Sabía que era el porque está en esa mesa, y es Él el que me citó.

Pero te soy sincero, además de darme miedo, lo miro y se siente raro... tiene una cara de fastidio, tristeza y cansancio, toda junta y mezclada que es rara. No era eso lo que me esperaba

Cuando finalmente lo enfrenté, dije:

- Ud. me está buscando?
el es como si hubiera salido de ese trance de cafeína, y vuelto a este mundo, un pco perdido, dubitó y me dijo con poca elocuencia: eh? eh. si, si si, pibe, si.. tomá asiento.. te pediste algo para tomar? te pido eh, yo invito.. José! traele un cortado al pibe - algo más?
-no, muy amable, pero espere..
me interrumpió - Dale, para hoy eh... me decías pibe?

Y ese fue el primer diálogo. Eso si, me sorprendió que un tipo tan flaco y huesudo pudiera tener una voz tan impactante, tan.. no sé, medio de milico autoritario.. pero ojo, con clase, con buen trato, sin cortar las palabras. Seguía siendo un ser desconcertante. Cada vez que daba la orden al pobre José, su cara se hacía dura, elegante y con autoridad, pero en esas fracciones de segundo que se dirigía a mi, volvía a esa mezcla de fastidio-tristeza-etc..
Les juro que después no lo podía creer.

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