2.4.05

Raíces

Estaba bañandomé para ir al bautismo de un sobrinito del corazón que tengo, y se me ocurrio pensar, no sé porque, en como el amor que algunas mujeres me prodigaron, resultaron siendo como enormes árboles, exhuberantes pero de raíces cortas (como las patas cortas de una mentira, pero no tanto), que finalmente caen por peso propio.
Me imaginaba esta cosa amor/árbol gigantésca, magnifiscente y llamativa, pero frágil. Tan frágil, que una brisa cruzada, un vientito del sur, lo tiran, y eso no sería nada en medio de un páramo que significaría un corazón sin sentimientos, sino que es como si estuviera enclavado en el medio de córdoba y corrientes y que cuando cayera, se llevara puesto todo a su paso.
Claro, que hay ventajas y ventajas. Si se está en el medio de un páramo, y un árbol colosal te aplasta y atrapa, es (cuando menos) difícil que alguien llegue a tiempo para ayudarte.
Distinto es el caso si uno se encuentra en semejante arteria céntrica: nunca van a faltar cientos de miles que quieran ayudarte, y den todo de si para que salgas.
Menos mal que el corazón y el entorno de uno no es un páramo, sino que está valiosísimamente poblado.

3 comentarios:

  1. Anónimo12:01 a. m.

    Ah, claro. A mí no me regalás un blog para q escriba...con todo lo q tengo para decir también.

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  2. Anónimo12:02 a. m.

    Ah, claro. A mí no me regalás un blog para q escriba. Con todo lo bueno q tengo para decir tambien.

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  3. Anónimo12:02 a. m.

    Ah, claro. A mí no me regalás un blog para q escriba. Con todo lo bueno q tengo para decir tambien.

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