29.5.05

Capítulo 14 y final

Lucho se levantó para hablar con Norma, la dueña, y yo me quedé acá pensando un rato.

No sé que le estará diciendo a la mina, no sé de que hablan, pero no debe ser nada bueno. Al menos no con la cara que pone ella.
Gesticula, la escucha, le habla, le pone una mano en un hombro. Está muy inquieto. Seguro que le debe plata del alquiler.

Me pone nervioso que ella me mire tanto... Y ya tendríamos que estar saliendo para el centro, que larga que la hace este tipo!


-No sé Norma, te digo que me da cosa... Vos creés que vale la pena?
-Vos sabrás Lucho, vos lo llamaste, vos lo buscaste.. Vos sabrás! además. Cuando pensás pagarme? porque.. digo.. pensás pagarme el alquiler alguna vez?
-eeeh.. mañana. Mañana te junto algo. Tenés un pucho? me muero por un cigarrillo.
-Si, tomá. También pienso cobrartelo. Sos un seco horrible, no sé porque te sigo haciendo el aguante.
-Sos un amor Norma, Gracias. Anotáme el café del pibe también, yo pago.

De golpe la escena se enfría, todo es en cámara lenta, y se pasa a blanco y negro...


Lucho le hace un gesto para que vayan saliendo. El ya está con el saco puesto, y los anteojitos de cerca, colgando en su bolsillo. Mientras él se va acercando, no puede dejar de mirarlo, casi paternalmente. Finalmente el pibe no era mal pibe, aunque tampoco tenía porque serlo.

Se calza los anteojos negros, y salen del bar. Un chorro de aire frío los golpea a los dos. Son hermosos estos días. Fríos, soleados, con viento del sur, jugando con las hojas secas.

Hay gente a la que suele molestarle esto. Gente que se queja de que no hace ni frío ni calor. Que llueve y que no llueve. El principio del otoño es ese, acá en Rosario. Es la nada y el todo.
Es el frío y el calor. La húmedad y lo seco. Lo amarillo y lo gris. La vida y la muerte, todo junto y al mismo tiempo. Un aleph, una biblia y un calefón.

Ya en la puerta del bar, tratando de hacerse a la idea del frío que hacía, y buscando un poco del cariño del sol, cruzan al boulevard del medio, y caminan hacia Córdoba, para ir al Palacio Minetti.


Caminan hablando pavadas. Le pregunta a Lucho como se llama la dueña, y de que hablaban
Lucho, le cuenta, cuanto le debía de la piecita, más algún café, y tonterías.. que hasta los puchos le quería cobrar ahora..

Habiendo dicho esto, Lucho tiró su cigarrillo, y al mirar otra vez hacía adelante se quedó duro, petrificado, del otro lado de la calle estaba ella. Mirandoló. Quieta, serena, hermosa, brillante, con su pelo bailando con el viento sur que ella traía.


Todo fue demasiado rápido. El nunca se dió cuenta. El colectivero no pudo reaccionar. No lo vió, no llegó a tocar la bocina cuando el ya estaba volando por el aire.

Según los testigos, debe haber volado 4 o 5 metros mínimo, antes de caer contra un auto estacionado sobre Oroño.


Todo grabado tengo. El impácto. El vuelo. La gente paralizada. Solo se oyeron dos ruidos, del colectivo frenando, y de su cuerpo reventando los vidrios de ese pobre auto estacionado.

Nada más.

Luego de eso, el peor de los silencios.
y luego de eso, ella.


Ella que volvio a verlo. Ella que volvió a sonreírle

Lucho, Lucifér, Satanás. Mirandolá directo a los ojos. Ella, La Parca, La jueza más imparcial, Ella, La Muerte mirandolo.

Él amándola

Ella...
Ella, disfrutandolo

Ella nunca va a estar con el. Y el lo sabe.

Y solo es ahora que puede verla.



Es la muerte el precio que tuvo que pagar, él pibe, para que lucho tuviera su cita?

tal vez.


Esta harto de ser quien es. Esta harto de esto.

Chau pibe. Él sabía quien eras. Solo él sabía bien quien eras. Abajo no te va a encontrar.

Vos estás arriba.
y el se queda acá.


Esta es su ciudad. Donde si no?
Rosario es de satanás..

Fin.

2 comentarios:

  1. Wow, que buen final, entonces es verdad, Rosario es de Satanás...


    Oh

    Clap clap Mati. Muy buena historia.

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  2. Volví a mirar la foto del bar la Victoria, qué hay ahora ahí? sigue el mismo bar funcionando? Quién lo atiende?

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