4.11.05

Lluvia

Las horas de sueño suelen ser como una masa, media extraña, que no tiene un borde muy definido, así como tampoco (aunque lo tiene) parece tener principio ni fin.
En esas horas, borrosas, insípidas que transito cuando duermo, habitualmente nada me perturba, excepto la aparición de dos fenómenos fenomenales: La luz (la cual destroza esta masa amorfa nebulosa de tiempo), y la lluvia.

La lluvia, particularmente en esas noches que hace un calor rozando la superficie del sol, mi cuerpo destapado completa, o casi, por lo menos, porque dejo de los tobillos para abajo tapados para que no me piquen los mosquitos, sentís un chorro de aire helado que entra por las ventanas debidamente acortinadas para que todo sea la más completa oscuridad...

y sentís el mimo fresquito del viento de sur que te avisa y susurra que se viene la lluvia, que mejor será que te tapés bien, porque la pieza se va a enfríar, y que habrás bieeeen grandes los oídos para escuchar el ruidito de lluvia sobre el techo metálico, y claro, como decírle que no a algo tan sabio como el viento de sur, que más kilómetros que uno lleva recorrido.

así que bien, te tapás bien, te enroscás, y te sonreís esperando esa promesa de agua, que como suele suceder se cumple. Se cumple y con agregados! truenos y todo retumban...

lástima que falte tan poco, solo una hora y media para que el despertador comience su tortura.

Es curioso. El tiempo de mi sueño es una goma nebulosa, nunca sé cuando dura hasta que me lo informo a mi mismo mirando el reloj, pero lo que es seguro, es que cuando sé que llueve, lo disfruto plenamente, casi que saboreo eso qeu antes me parecía tan insípido, casi que palpo algo que me parecía tan amorfo...

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