29.3.06

Viento

La cama, como suele suceder, me enredaba en sus sábanas, protegiendomé de vaya uno a saber que enormes riesgos que trae consigo la oscuridad. Es solo gracias a su protección que me entrego al mundo de los sueños, sin hacer miradas por sobre mi hombro.
Estas visitas, al mundo onírico, suelen ser extensas, e infinitas. Conocer lugares que ya conozco como no los conozco, ver tierras nuevas, viejas, exóticas y remótas. Los sueños duran minutos, horas, días, meses y segundos otra vez. Pero siempre tienen eso en común, que el tiempo, como nunca, se demuestra relativo. Más de una vez, creí soñar sueños largos como una semana, para notar que mi reloj solo se había movido 10 minutos, y viceversa, sueños instantaneos, que se traducen en horas dormido.

Estaba en la cama, con los ojos por abrirse, pero sin prisa, total aún estaba oscuro. Busco enhebrar mis pies en mis pantuflas (el piso frío siempre me hace estornudar - maldita alergia), y me levanto pesadamente hacía el baño.

Tengo por costumbre mojarme la cara cada vez que paso por ahí, y vaya uno a saber por que. Solo sé que lo hago.
Con mi cara correctamente humedecida, levanto el rostro y miro a su par del espejo. Siempre me resulta llamativo mirarme al espejo y ver como el mundo me ve a mi. Al descubrirme en esa situación me sonrío, como habitualmente me sonrío al encontrarme en esa situación. Termino de incorporarme, y siento una suave brisa In Crescendo jugar con mi pelo, sacudiendoló para todos lados, y en principio es divertido ver como el pelo cobra vida, merced a este viento.

Nunca me puse a pensar de donde salía o que hacía ese viento, justo frente a mi espejo. Lo que fuera que sea, era divertido no pensarlo.

el viento amaino, y mi sonrisa enorme, volvió a una timida sonrisa. Pasó del disfrute, al recuerdo de un pasado inmediato. Cosa extraña cuando algo se termina, pasa inmediatamente al ámbito del recuerdo.

A punto de tomar la toalla para secar mis manos aún goteantes, siento como alguien alborota mi pelo, desde mi espalda. Pensé en alguien de mi familia, que tuviera ganas de jugar a estar horas (cualesquiera que sean estas horas, que jamás conocí).

Al darme vuelta, me encuentro con la nada misma, solo la pared. Detrás mío no hay nada más que nada.

Con el corazón rozando el infarto, siento como mi alma se zambuye en mi cuerpo, para descubrirme a soñando, solo soñando y con las sábanas enredando mi cuerpo.

Con el miedo que se sentía en cada fibra de mi, tomé aire para gritar, y solo lo peor sucedió: Nada salió de mi garganta.
Mi cuerpo, si bien consciente de mente, seguía profundamente dormido!
La desesperación me invadía, mis manos, mis ojos mi boca mi cuerpo no me respondía!
Quería gritar. Quería temblar. Quería llorar. Nada, solo un cadáver con vida.

Ya al borde de la desesperación, sentí nuevamente como mi alma se zambullía a mi cuerpo, solo que esta vez pude gritar, agitarme, llorar e incorporarme.

La clara luz de la mañana, el olor del desayuno, las primeras aves y la radio olvidada de una noche anterior, me dan la bienvenida a este mundo.

Todavía tiemblo, todavía tengo la piel de gallina.

La horrible sensación de haber sido testigo de un cuerpo convertido en mi cárcel, la horrible angustia de sentirme despierta aún en sueños.



Y la peor desesperación de no saber cual era mi verdad, cual era el sueño y cual la vigilia.



Florcita: acá está tu sueño!

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