29.5.07

uf

Uf, hay tantas cosas para decir.

Hoy, volviendo de zona sur, luego de un gran periplo citronero (en el cual se portó como un duque, hay que reconocerlo), me senté a tomar un café en mi bar favorito.

Pese al frío que sentía, por tener que sentarme afuera en mi nueva condición de fumador (tenía ganas de tomar un café y fumar. si hubiera sido solo por el café, lo hubiera tomado adentro, no tengo drama), y pensaba en muchas cosas al mismo tiempo.

Como una foto expuesta dos veces, o más, sucede lo de siempre: pensé en tantas cosas, que finalmente no pensé en ninguna.

Pensé en toda la gente con la que había estado en ese bar, de como algunas extraño, y a otras posiblemente no desée ver nunca más en mi vida.

Recordé charlas interesantísimas y divertidas, y recordé cafés al paso, y como para hacer algo.

Miré la avenida, mi favorita, y el frío que hacía. Gente paseando, caminando apurada por el frío, hojas otoñales siguiendo a los autos.

La moza que me odió por tener que salir a servirme a mi, el único suicida que se tomó un café en la vereda.

El citro, cubierto de mugre, pero que finalmente, parece comportarse como un auto (con sus bemoles, claro. ruido, lento, a veces frío, a veces caluroso).

Miraba el reloj, y me preguntaba como le estaría yendo a Caro con eso que tenía que hacer.


Creo que pensé en demasiadas cosas, y no profundicé en nada, básicamente como ahora, que escribo y divago. y capaz que esté diciendo estas cosas, para no decir lo que realmente me pasa. Que no es nada malo, es solo un poco de destino que te choca en la cara. Cosas que querés que sean y no son, cosas que son y no debieran, cosas que no salen como vos querés y te frustran.

Pero pese a todo eso, de esos 10 minutos (porque no fueron más que eso), de café, cigarrillo y frío, tuvieron su encanto, como todas las cosas que pasan. Sólo que hay que encontrarle la vuelta.

Hay que entender, que un café muy caliente y no muy rico, sumado a un cigarrillo que te acorta la vida, sentado a 7 grados de temperatura, en la calle, puede ser un momento placentero. No por cada uno de sus detalles, si no más bien, por ser ese momento en si mismo.


No creo que vaya a pensar siempre, que las cosas son el desgloce de las mismas. Cuando hago un balance de las mismas, seguramente sea por el global. No voy a quedarme con tristes imágenes de pormenores. Si el café era feo, si el frío era intenso, es probable, pero la magia de ese momento, no me la quita nadie.


Es algo que tendría que hacer más seguido con todo.

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