3.4.08

Chau Fobia




Como describir la tristeza que siento?

o mejor dicho, como hago para a eso sacarle la gran culpa que siento?


hoy a la mañana tuve uno de los peores amaneceres en muchísimo tiempo.

Creo que capáz es mejor contar la historia desde un principio.


Hará cosa de 4 años o más, una buena noche de charla con mi primo, sentados en la puerta de mi casa, vimos como unagata negra se descolgaba

del techo y se me acercaba. Era negra, mansa y con mucha cara de serenidad, sumado a un rostro que denotaba salvajismo tal véz, y mucha

calle. Las cicatrices en sus orejas no me dejaban pensar otra cosa.

Tal vez con la calma que le dió su experiencia callejera, se me acercó, como diciendomé que no me tenía miedo y que le caía bien.

Para ese entonces, mi alérgia/odio a los gatos era providencial. Pero ella no pareció importarle demasiado, y no me quedó otra que respetar

ese coraje.

Se sentó a mi lado, y me miró con su cara de póker, esa cara que es siempre igual y siempre quiere decir muchas cosas. En ese momento

significó "haceme un mimo". Como desde ese entonces y hasta ahora, no me quedó mucha alternativa que hacerle caso. Y así fue. La acaricié de

compromiso, y como aparentemente le gustó, y tanto, decidió que era buen momento para adoptar a un humano, y fiel a su costumbre de hacer

siempre lo que quiere, lo hizo.

se sentó en mi falda, y desde entonces, no se fue más.

Mientras viví en casa de mis viejos, ella vivió por los tejados, pero más que nada, en mi ventana.

Claro que ella no vino sola. Atrás, y tímidamente, se descolgó otra morocha, pero más distante, más reservada, y menos desenfadada.


Poco tiempo después pude comprender el hecho de que al momento que nos unimos con la primera, invariablemente se venía la segunda, porque

como siamesas distantes, estaban siempre unidas.

Con el tiempo decidí que si esa era la realidad, y si yo para ellas me llamaba "miau" (porque eso siempre me decían), entonces era justo que

yo le ponga nombre a ellas. Maga se llama maga, porque de ninguna manera otro nombre le iba a ir mejor. Sin buscarla la encontré, porque

aparentemente andabamos para encontrarnos. Solo que ella es Maga, yo no ni soy ni pienso ser para ella un Horacio.
Y al lado estaba su gemela, su unión. Su timidéz, su miedo, su reserva, su caracter me llevaron a ponerle el nombre que mejor le podía quedar

-pueden suscribir a eso quienes la hayan conocido- Su nombre en cuestión, Fobia.

Fobia, miedo irracional, desmedido ante cualquier cosa. Así era ella. Era un amor, porque lo era, porque me quería, porque sé que me quería

como yo a ella. Pero eso no quita que al más mínimo movimiento ella saliera despedida de terror hacia una ángulo tangencial de donde yo me

encontrase. Eso, salvo que el ruido significara comida, no nos olvidemos que pese a todo, era una gata.

Pasaron los días, meses y años, fueron mamás en incontables oportunidades, hasta que un día tocó el día de decir adiós a la casa de mis

viejos, y mudarme donde ahora vivo, mi casa. Mía.

Y para que fuera mía, no podían faltar muchas cosas, como excentricidades, música, dibujos en las ventanas, y por supuesto, Maga y Fobia.


Maga se amoldó como nunca, ella nació en la miseria de la calle, morocha como era, pero estaba destinada a algo bastante más que eso: ser una

gata tremendamente hogareña, que lo único que desea es estar en una cama o a upa mío. Y Fobia, no sé , no puedo decir que ese era su destino

aunque terminó siendolo. En estos dos meses que llevo ahí, noté como ella no era del todo felíz, obviamente extrañaba andar por cornizas, ver

otros gatos, y ser dueña de la noche, que era de su color, fuera su medio ambiente. Siempre libre, no encerrada.

Creo que tuvo una vida más cómoda en estos últimos días, que cualquier día que haya tenido desde que nació. Pero tampoco puedo aseverar que

así y todo fuera felíz, y esa es mi culpa. Quise encerrar un arcoíris, cuando lo único que tendría que haber hecho es dejarla ser, y

contemplar su belleza y su cariño, libre de mi, para que sencillamente fuera.

Y en mi egoísmo humano, la llevo a una casa donde no fue felíz, y la encierro en una casa que donde fuera que fuera, nunca iba a ser suya.

Me consta que yo vivía viendola triste, aunque su expresión siempre fue la misma, la del miedo que siempre sintió ante todo. Pero anoche fue

distinto.

No ví miedo, vi resignación.

Me hubiera gustado, al menos ver tristeza, pero tampoco lo ví, repito: vi resignación.

Ví una busqueda de soledad que no le conocía, y que me tocó de una fea manera entenderla.


Mirándola más de cerca, vi como le costaba respirar, y entendí su resignación, que se transmutó rápidamente en miedo de parte mía. Curioso,

ahora el que sentía miedo era yo.

Lo que no pude ver es que ella había entendido antes que yo, que el fin al que tanto le temía, se le vino encima. y yo me di cuenta de que su

fin estaba llegando, y no había mucho que pudiera hacer para cambiarlo.

A esas horas, obviamente no había ningún veterinario disponible, o por lo menos ninguno que yo hubiera conocido. Me propuse levantarme tan

temprano como pudiera para llevarla a que la atiendan, y mi miedo crecía con cada movimiento de soledad de ella.

La acosté conmigo, en mi cama, creyendo que una bestia de 85 kilos podía protegerla de algo que no pesa nada pero se hace sentir. para cuando

estaba por dormirme, ella se fue en búsqueda de esa soledad, que ahora entiendo, presagia algo inevitable.







El despertador sonó como siempre, a las 7.45, y yo me levanté como siempre, casi una hora después de eso. Hasta ahí la rutina diaria, pero

todo cambia con algo muy pequeño.


Cuando estaba preparandomé para los reproches de mis 3 felinos co-habitantes, me encontré con un poco de silencio y en partícular con unos

que me dolió más que cualquier otro.


Fobia estaba, en el suelo, dura, fría e irrevocablemente muerta.


Siento un enorme dolor por eso. Ella ya no está. No es culpa mía, es lo que mucha gente me dice. Yo no la maté, y yo hice todo lo mejor que

pude por ella.


Pero a mi quien me saca el dolor de saber que le quité la libertad que la mantenía viva? como sé si la tristeza no es la real causa de su

muerte? Por que es que tuve que encerrar a un animal libre, para poder ser felíz yo y no entender que la vida de ella era la ausencia de mi

felicidad? y para más ironía: hoy ella está muerta, sin ser libre y felíz, y yo tengo la enorme tristeza de que ya no esté.

Sentir que ahora llegaré a mi casa, y de 3 me quedan 2, es bastante doloroso, y eso que aún ni salí de donde estoy. Entender que ella no va a

vivir más que en mis recuerdos (que de alguna manera la hace inmortal) no es suficiente, porque no tendría que haber sido así.

Es horrible, mi egoísmo tal vez la llevó a la muerte, y esa culpa no me la saca nadie. Veneno? Virus? Parásitos? no sé, seguramente

cualquiera de esas cosas pudo haberla matado, sin embargo, yo sé que su verdadera muerte fue mucho antes. Cuando la saqué de su libertad, y

no me queda más que pensar que en mi casa, ahora ella estaba muerta en vida, y que el paso a una muerte real era inevitable, inexorable y

peor aún inminente.

Ahora, por suerte, miedo no debe tener más. Ni creo que le haya tenido el miedo que siempre le tuvo a la muerte, cuando le tocó

encontrarsela. Sé que la debe haber mirado a los ojos, con la misma resignación que me miró a mi anoche. Entonces, se fue en paz, y a mi me

queda llorarla acá.

Un gran beso, Fobia, que espero no me haga estornudar, no sabés cuanto te voy a extrañar, y cuanto me va a pesar esta culpa. Hice lo que

pude, hice lo que creí que era mejor para vos. Pero ya vez, no hay que pensar por otros.

Te voy a extrañar, Fobia.

3 comentarios:

  1. mi amor por los gatos nació como el tuyo, de casualidad. Yo siempre le tuve algo asi como miedo (es decir un cagaso bárbaro cada vez q uno se me acercaba ronroneando) pero una tarde lluviosa y de mucho frio un desalmado dejó tres gatitos recién nacidos en el jardín de mi casa. y fue amor a primera vista. los alimenté hasta con una mamadera fabricada especialmente. tuvimos que regalar tres sino me echaban a mi con los gatos de mi casa. pero dolió en el alma cada uno. pero fui feliz también porque una se lo llevó una nenita que la cara de felicidad al verla fue impagable, y el otro se lo llevó una chica super bichera, asi que creo que son felices. pero el tercero, no se lo di a nadie, ese luché para que me lo dejaran tener. y gané. es un hijo de p.. pero lo adoro con el alma y creeme que te entiendo el dolor que sentis. cuando murió mi perrita tampoco pude evitar sentirme culpable "podría haber echo algo más?" asi que te entiendo... un beso y sabés que estoy para prestar una oreja... o las dos.

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  2. mi Matías, mi amor hacia los felinos se remonta a mi infancia, he amado y llorado la pérdida de todos y cada uno... y es que estos bichitos no son tan longevos, mucho menos los machos que mueren por amor... tantas veces, tantas vidas...
    la vida es así un preámbulo de la muerte, elegir amar conlleva una futura pérdida siempre, siempre, y así y todo, lo elegimos, Fobia te eligió como vos sabes, y tambien como debes saber, ningun gato se queda donde no quiere, a diferencia de los perros, los gatos son seres libres e independientes, nunca, nunca pierden su libertad, nunca, nunca podes encerrarlos...
    Fobia eligió elegirte, compartirte, vivirte, no te culpes, no le quitaste nada, solo le diste lo que busco, vos...
    Te quiero mucho, todo pasa, todo pasa.

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  3. Que post mas tierno.. Que dulce que hayas querido tanto a un animalito que te llego por sorpresa.. Seguramente no fue tu culpa.. tal vez estaba muy vieja.. Seguro te quiso como vos a ella y seguro felicidad le diste.. De poco te van a servir estas palabras, lo se..

    Besos..

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