Escuchás un millón de veces una canción, y en un momento dado, la escuchás un millón y una vez, para escuchar una línea entre tantas, y que te deje el cerebro desparramado por el suelo.
La primera vez que la escuché a esa frase, estaba solo, un domingo al mediodía, en la casa de Cafferatta, limpiando y me quedé petríficado.
Y desde entonces, hasta ahora, cada vez que me hace falta esa frase, no me queda otra que escucharla unas 10 veces seguidas.
Es que a veces, hace falta, días como hoy que siento que mi cabeza entra en un loop cíclico, que da vueltas, y vueltas sobre lo mismo, y siempre con el mismo recorrido, empezando por el principio, y comenzando en el final, que es el mismo principio.
Alguien tal vez recuerde que tenía la letra de esa canción escrita en la ventana de mi pieza.
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